En la Argentina, quinto país productor de vino del mundo, los amantes de esta bebida tenemos una fortuna especial: contamos con una muy amplia variedad de etiquetas, de muy buena calidad, la mayoría de las cuales se ofrece a un precio accesible y coherente. Esto quiere decir que no es necesario gastar mucho dinero para tener un blanco o tinto genuino, amable y compañero fiel de la mesa.
En esta coyuntura de crecimiento que vive la industria, la oferta local es cada vez mayor. Basta sólo con tener en cuenta que las aproximadamente 410 bodegas argentinas que hoy compiten en el mercado local e internacional suman nada menos que 2000 marcas, algo que a veces marea a los consumidores. De ahí que sea importante siempre tener en cuenta lo que se llama “relación calidad-precio”, algo clave para hacer una compra inteligente. Hoy nadie, por más adinerado que sea, se jacta de gastar millonadas en cosas que no lo valen. La satisfacción de una compra va más allá; está relacionada con “el buen negocio” que uno hizo –o siente haber hecho– con la elección.
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